[Reseña] La cumbre escarlata

La cumbre escarlata

Por fin, después de una serie de contratiempos, tuve la oportunidad de ver la nueva cinta de Guillermo del Toro, La cumbre escarlata.

Parecía que el destino maquinaba en mi contra para ver La cumbre escarlata (Crimson Peak), la más reciente película del cineasta y director mexicano Guillermo del Toro. Después de que el pasado fin de semana, por un asunto de índole personal me fuera imposible asistir al cine, decidí hacerlo ayer sábado. ¡Tonto de mí, que no imaginaba lo que me esperaba!

La cumbre escarlata

Historias de desencanto y frustración

Al llegar al Cinemex de Plaza Delta en la Ciudad de México, el vendedor de boletos le informo a mi hermano Antonio que “lo siento, pero las funciones de La cumbre escarlata han sido canceladas”. Obviamente, quedé estupefacto al escuchar eso, y el joven que atendía le sugirió a mi hermano que verificara con su superior para la ver la razón de dicho cancelamiento. Como no nos interesaba aclararlo, decidimos entonces partir a Plaza Universidad.

¡Oh desilusión! Cuando llegamos a Cinépolis nos llevamos la amarga sorpresa de que no había boletos sino hasta la noche. Decepcionados, nos disponíamos a irnos, cuando comenté, “¿y que tal si vamos a Plaza Patio Universidad?”. Después de lo anterior, no íbamos muy entusiasmados que digamos, pero afortunadamente hallamos boletos y después de una hora, entramos a la sala para deleitarnos con esta nueva cinta de del Toro.

Soy un gran fan de la era victoriana, y por lo mismo, para mi fue un gran placer ver una cinta ambientada en esta grandiosa época de grandes descubrimientos.

A mi gusto, el ritmo manejado en La cumbre escarlata es adecuado; en ningún momento se siente cansina, ni le da demasiados rodeos a los acontecimientos en sus casi dos horas de duración. La ambientación, típica de finales del siglo XIX, está muy bien lograda y lo mismo puede decirse del trabajo de vestuario. La fotografía así como las tomas hacen que luzca mucho más esta historia donde el amor y el terror gótico se mezclan.

La cumbre escarlata

Cuando el entorno se convierte en estrella

El escenario elegido en en mucho ayuda a contar esta historia de fantasmas, en especial la espectacular mansión donde transcurre la parte mas importante de la trama. El decorado, los muebles, la maquinaria, instrumentos y hasta la misma loza que aparece en escena forman un conjunto en verdad armonioso, que contribuye a crear una grandiosa atmósfera.

Guillermo del Toro sabe muy bien como impresionarnos visualmente. Lo hizo en Hellboy: El ejército dorado, en El Laberinto del Fauno y lo vuelve a hacer en La cumbre escarlata. El cuidado en hasta el mas mínimo detalle y los pequeños toques característicos de sus trabajos salen a relucir una y otra vez, para narrarnos un “cuento” fantástico.

Cuando se trata del trabajo de del Toro, hasta una simple mosca sirve de complemento para una historia. La cumbre escarlata es otra muestra de eso.

¿Que hay respecto a las actuaciones? Sin duda quien más brilla en escena es la actriz Mia Wasikowska, que interpreta a la bella e inteligente Edith Cushing. El papel que interpreta es el de una joven adelantada a su época, independiente y segura de si misma. Pero detrás de su apariencia de mujer culta e inteligente, se esconde un perturbador detalle: su habilidad de ver fantasmas, que viene a ser vital en la narrativa de esta cinta.

La cumbre escarlata

¿Alguien mencionó esqueletos en el ático?

Solo por medio de ese don podrá lidiar con lo que le depara el destino, donde hacen acto de presencia el enigmático y seductor baronet Sir Thomas Sharpe (Tom Hiddleston), así como su hermana, Lady Lucille Sharpe (Jessica Chastain). Un camino donde los inesperados giros, las intenciones ocultas, la ambición ciega y hasta la demencia o el asesinato hacen acto de presencia una y otra vez.

Sin embargo, no se dejen engañar; si bien La cumbre escarlata es una cinta donde lo sobrenatural esta muy presente, no es posible achacar a los espectros en cuestión todo lo anterior. El mal, en su más pura esencia, viene de parte de los vivos. Guillermo del Toro supo dar con esta película un giro notable a las historias de espectros y aparecidos.

¿Hasta que punto el fin justifica los medios? No cabe duda que para algunas personas no existe freno alguno que pueda detenerlas.

En lugar de recurrir al terror barato por docena tan de moda, donde se recurre a la maldad ultraterrena, en La cumbre escarlata los espíritus son solo un instrumento para descubrir una verdad todavía mas aterradora. Aquellos quienes estén esperando un tipo de historia así quedaran decepcionados; es notorio que esa nunca fue la intención de parte de del Toro.

La cumbre escarlata

Los complementos de una gran historia

En cuanto a la música, cada uno de los temas elegidos queda muy a modo con cada situación, incluso en aquellas escenas que destacan por su brutalidad. En ese sentido se parece un poco a El Laberinto del Fauno y por lo mismo, no es recomendable para todo público. La moral victoriana tampoco impide que haya una que otra escena incómoda para algunos espectadores, así que están advertidos.

¿Que es lo que oculta el aparentemente respetable y encantador Sir Thomas? ¿Que inconfesables pecados encierra la derruida y misteriosa casona de sus ancestros? Eso tendrán que averiguarlo ustedes mismos, en especial porque no me gusta arruinar en modo alguno las sorpresas que encierran las películas que veo. Sin embargo, hay algo que si vale la pena comentar.

Lastima que la mansión que aparece en escena no es real; solo son un conjunto de sets de filmación bien estructurados. ¿Quien no quisiera tener una casa así?

Aunque La cumbre escarlata es una cinta de terror y con buenos efectos especiales, los sustos y sobresaltos no son su fuerte. Guillermo del Toro cuidó mucho de no abusar de las computadoras, sino mas bien de las bondades de la caracterización y maquillaje. Una sombra vaga, una puerta que se abre o una vaga silueta, tienen más fuerza que cualquier CGI de alta tecnología.

Más que una cinta de horror, La cumbre escarlata es un relato gótico donde el romance y los desengaños dictan la norma; los fantasmas solo son un complemento para narrar la historia y no el eje principal de ésta.

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